{"id":900,"date":"2012-04-30T02:07:26","date_gmt":"2012-04-30T01:07:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.conpermisodelareina.com\/?p=900"},"modified":"2012-04-30T02:07:26","modified_gmt":"2012-04-30T01:07:26","slug":"prisioneros","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.conpermisodelareina.com\/?p=900","title":{"rendered":"Prisioneros"},"content":{"rendered":"<p>El candidato a exduque I\u00f1aki y su exsocio Diego est\u00e1n multi-<a href=\"http:\/\/www.elmundo.es\/elmundo\/2011\/11\/14\/espana\/1321270505.html\">imputados<\/a> a causa de su gesti\u00f3n con lucro \u2013presuntamente\u2013 de una entidad sin \u00e1nimo de eso. Se encuentran en un buen embrollo. Cada uno puede montar su propia defensa coordinada con la del otro, haciendo un frente com\u00fan, sin acusaciones mutuas. As\u00ed destapar\u00edan menos elementos en contra de ambos, y conseguir\u00edan finalmente aligerar la pena en caso de condena. I\u00f1aki puede, tambi\u00e9n, ir por libre, inculpando a Diego como \u00fanico responsable de los hechos con la expectativa de ser absuelto. Este es el mejor escenario para I\u00f1aki, siempre claro est\u00e1 que Diego no vaya tambi\u00e9n por libre y le acuse a \u00e9l. Porque en esa situaci\u00f3n de acusaciones cruzadas, las evidencias de culpabilidad que se arrojen mutuamente acabar\u00e1n por conseguirles a ambos un castigo penal mayor que la defensa coordinada.<\/p>\n<p>Sin duda, I\u00f1aki \u2013y Diego, por separado\u2013 se plantean una dif\u00edcil disyuntiva para su defensa individual: \u00bf\u201ccoordinada\u201d o \u201cagresiva\u201d?, es decir, \u00bfconcebida como conjunta o acusando a su exsocio como \u00fanico responsable? La dificultad reside en que el resultado m\u00e1s ventajoso para I\u00f1aki depende de que Diego decida no acusarle, perjudic\u00e1ndose al parecer el \u00fanico culpable. As\u00ed que I\u00f1aki debe contar con que Diego sea tambi\u00e9n agresivo. Pero, siendo ambos agresivos, se arrepentir\u00e1n de no haber planteado dos defensas coordinadas, con mejor resultado para los dos. Sin embargo, eso no puede esperarse, porque cada uno estar\u00e1 tentado a ser agresivo si el otro no lo va a ser. La l\u00f3gica les devuelve a la agresi\u00f3n mutua y el malestar de saber que hay una soluci\u00f3n mejor pero que est\u00e1 fuera de alcance.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Probablemente sin saberlo, I\u00f1aki y Diego ya est\u00e1n presos, no de c\u00e1rcel \u2013todav\u00eda\u2013 sino de uno de los problemas m\u00e1s famosos de las ciencias sociales: el dilema del prisionero. El problema fue originalmente ideado en 1950 por dos matem\u00e1ticos \u2013Flood y Dresher\u2013 en la corporaci\u00f3n RAND en California (EEUU). Se trataba de un experimento para contrastar la predicci\u00f3n de la reciente teor\u00eda de juegos sobre la conducta de los individuos. La puesta en escena m\u00e1s conocida del dilema \u2013y que le da nombre\u2013 se debe al matem\u00e1tico norteamericano Albert Tucker, que invent\u00f3 la historia de dos delincuentes, sospechosos de un crimen, que han sido capturados por un delito menor. Al ser interrogados por la polic\u00eda, deben elegir entre confesar o no el crimen que han cometido juntos. Ser\u00e1n condenados a un a\u00f1o si ninguno confiesa el crimen, pero a 5 a\u00f1os si los dos lo confiesan. Si s\u00f3lo confiesa uno, saldr\u00e1 libre \u2013por colaborar con la justicia\u2013, mientras al otro le caer\u00e1n 10 a\u00f1os. El problema que afrontan I\u00f1aki y Diego ante el juez es una versi\u00f3n del dilema del prisionero: la defensa \u201ccoordinada\u201d equivale a \u201cno confesar\u201d, y la defensa \u201cagresiva\u201d se corresponde con \u201cconfesar\u201d.<\/p>\n<p>La teor\u00eda de juegos analiza las situaciones sociales suponiendo que los individuos toman sus decisiones independientemente obedeciendo sus propios intereses. Estos suelen ser ego\u00edstas en un sentido moral, aunque a la teor\u00eda de juegos s\u00f3lo le preocupa que la conducta de cada individuo sea coherente con sus incentivos, no la naturaleza de \u00e9stos. La l\u00f3gica de la teor\u00eda da una soluci\u00f3n precisa para el dilema de los prisioneros: ambos deben confesar el crimen. Es f\u00e1cil convencerse de que esa es la soluci\u00f3n: si uno estudia su mejor estrategia en funci\u00f3n de la que podr\u00eda adoptar el otro, concluye que confesar es m\u00e1s ventajoso tanto si el otro lo hace como si no. En efecto, si el otro confiesa, uno debe hacerlo y conseguir una condena de 5 a\u00f1os en lugar de 10; y si el otro no confiesa, uno debe hacerlo para salir libre en lugar de cumplir un a\u00f1o de c\u00e1rcel. Los acusados I\u00f1aki y Diego parecen conocer el impecable argumento, porque han resuelto correctamente su propio dilema, acus\u00e1ndose mutuamente en una <a href=\"http:\/\/politica.elpais.com\/politica\/2012\/04\/22\/actualidad\/1335124601_023385.html\">guerra abierta<\/a>.<\/p>\n<p>No existe dificultad l\u00f3gica alguna para resolver el dilema del prisionero. Sin embargo, se han escrito bibliotecas completas sobre el asunto. La raz\u00f3n es que la conclusi\u00f3n resulta del todo insatisfactoria. El verdadero dilema de los prisioneros reside en que hay un resultado mejor para ambos que el que les impone la l\u00f3gica y, sin embargo, no se producir\u00e1. Para ello deber\u00edan coordinarse independientemente y no confesar, lo que no ser\u00e1 posible si siguen sus propios intereses. Podr\u00edan intentarlo, razonando en el lugar del otro para llegar a la conclusi\u00f3n que dos individuos razonables escoger\u00e1n la misma opci\u00f3n y que, entre esas opciones sim\u00e9tricas, la mejor es no confesar. Pero eso s\u00f3lo servir\u00e1 para que cada uno, creyendo al otro convencido de que no debe confesar, le traicione y confiese para sacar la m\u00e1xima ventaja del silencio del otro. El dilema se convierte as\u00ed en una tensa cuesti\u00f3n de confianza en el otro, que a su vez no es m\u00e1s que un trasunto de uno mismo.<\/p>\n<p>En cada nuevo dilema del prisionero, los protagonistas repiten esa misma sensaci\u00f3n de tensi\u00f3n que produce la cuesti\u00f3n de confianza. Por ejemplo, as\u00ed suced\u00eda una y otra vez en la parte final de un conocido concurso de televisi\u00f3n. Para repartirse el bote de dinero que hab\u00edan obtenido juntos, dos concursantes deb\u00edan pulsar simult\u00e1neamente uno de dos botones \u2013verde o rojo\u2013, ocultos a la vista del otro. Las reglas del reparto: con dos luces verdes el bote se repart\u00eda por la mitad; con una luz verde y otra roja todo el bote era para el traidor que puls\u00f3 rojo, y con dos luces rojas ninguno consegu\u00eda nada. En efecto: los concursantes se enfrentaban a un dilema del prisionero. Conociendo el gui\u00f3n de la teor\u00eda de juegos, la productora del programa deb\u00eda contar con que \u2013si los concursantes jugaban correctamente \u2013 gastar\u00edan muy poco en premios. Para hacer el lance de las pulsaciones m\u00e1s dram\u00e1tico, se reun\u00eda a los dos concursantes previamente para que negociaran y reforzaran su aparente convicci\u00f3n de que deb\u00edan pulsar verde. Tras el rato de intimidad, a veces sellaban su verde trato con apretones de mano o sentidos abrazos. Los desenlaces compon\u00edan toda una secci\u00f3n de un tratado de psicolog\u00eda humana. Las caras descompuestas o las l\u00e1grimas de algunos concursantes \u201cverdosos\u201d traicionados eran m\u00e1s propias de un cruel melodrama que de un divertimento televisivo.<\/p>\n<p>Porque, si no son vinculantes, los acuerdos o juramentos para coordinarse \u2013pulsar verde en el concurso\u2013 son de todo in\u00fatiles para anular la tensi\u00f3n del dilema y su peor desenlace. Ante la promesa del otro de pulsar verde, un participante que siga coherentemente su propio inter\u00e9s \u2013por el dinero, en este caso\u2013, en el \u00faltimo momento pulsar\u00e1 rojo y se desatar\u00e1 el drama.<\/p>\n<p>El episodio del concurso sirve de prueba \u2013adem\u00e1s de la mente retorcida de sus guionistas\u2013 de que el mecanismo perverso que contiene el dilema se mantiene intacto. La crisis mental de los prisioneros en el momento de hacer su elecci\u00f3n se producir\u00e1 por mucho que se conozca perfectamente el dilema de antemano. Tan cierto es que el dilema tiene una n\u00edtida soluci\u00f3n l\u00f3gica como que el combate interior que le produce a cada prisionero sobre la realidad y el deseo es inevitable.<\/p>\n<p>El asunto de I\u00f1aki y Diego muestra que los dilemas del prisionero, lejos de ser artefactos te\u00f3ricos, est\u00e1n presentes en la vida real. Es m\u00e1s, est\u00e1n omnipresentes. Es f\u00e1cil crear un dilema del prisionero. Basta con que exista, de partida, una soluci\u00f3n de compromiso que cada parte mejorar\u00e1 si sigue sus incentivos unilateralmente, pero que conduce a una situaci\u00f3n peor que la inicial si las dos partes lo hacen. Las guerras de precios entre empresas, la proliferaci\u00f3n nuclear entre pa\u00edses enemistados, las guerras de bandas callejeras urbanas, la competencia por el share en los medios de comunicaci\u00f3n, \u2026 todas exhiben a menudo la desastrosa soluci\u00f3n de un dilema del prisionero.<\/p>\n<p>Dilemas similares pero con muchos prisioneros tambi\u00e9n abundan <a href=\"http:\/\/www.conpermisodelareina.com\/2011\/02\/28\/el-aire-es-de-todos\/\">aqu\u00ed<\/a> y <a href=\"http:\/\/www.conpermisodelareina.com\/2011\/12\/31\/la-maldicion-del-escote\/\">all\u00e1<\/a>, con desenlace tan agrio como en el dilema de dos. Estos dilemas sociales aparecen f\u00e1cilmente, puesto que la sensaci\u00f3n de traici\u00f3n al romper la soluci\u00f3n coordinada se diluye entre muchos individuos, que adem\u00e1s son an\u00f3nimos. Sin una conciencia social de los individuos, los dilemas son dif\u00edciles de neutralizar.<\/p>\n<p>Como dice <a href=\"http:\/\/www.psychologytoday.com\/experts\/william-poundstone\">William Poundstone<\/a>, que escribi\u00f3 alrededor del dilema todo un libro, descubrir el dilema del prisionero es como caer en la cuenta de que el aire existe. En mayor o menor medida siempre hemos sentido actuar su mecanismo, que es parte indisoluble de nuestra dimensi\u00f3n social. Cada vez que aparece, el dilema inocula en los prisioneros el mismo veneno: ir por libre o coordinarse, rojo o verde, ser o deber ser, la raz\u00f3n o la fe. Estar en un dilema del prisionero es como cruzar el r\u00edo transportando al escorpi\u00f3n de la f\u00e1bula. El dilema tiene soluci\u00f3n, pero su t\u00f3xico no tiene ant\u00eddoto. Como el escorpi\u00f3n, est\u00e1 en su naturaleza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El candidato a exduque I\u00f1aki y su exsocio Diego est\u00e1n multi-imputados a causa de su gesti\u00f3n con lucro \u2013presuntamente\u2013 de una entidad sin \u00e1nimo de eso. Se encuentran en un buen embrollo. Cada uno puede montar su propia defensa coordinada con la del otro, haciendo un frente com\u00fan, sin acusaciones mutuas. 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